lunes, 24 de julio de 2017

Luca Signorelli. "Las cosas últimas"

LUCA SIGNORELLI
CAPILLA DE SAN BRIZIO, CATEDRAL DE ORVIETO 
 (1499-1502)

El 5 de abril de 1499, Signorelli firmó un contrato con la catedral de Orvieto por el que debía pintar las dos secciones que faltaban por decorar en el techo de la Capilla de San Brizio, construcción gótica deatada alrededor de 1408. En el verano de 1447, Fra Angelico, asistido por Gozzoli y otros artistas menores, había pintado el fresco de los Profetas en una de las secciones triangulares del techo y a Cristo Juez en la otra. Medio siglo más tarde la tarea de Signorelli era completar la decoración al fresco iniciada por Fra Angelico. Los administradores de la catedral habían pensado en otros artistas antes de contratar a Signorelli, como Perugino y Antonio da Viterbo, llamado Il Pastura. Finalmente decidieron contratar a Signorelli porque lo hacía por menos dinero y porque tenía reputación de ser más eficiente y más rápido que otros artistas. El contrato se refiere a él como el artista que había pintado “Multas pulcherrimas picturas en diversis civitatibus et presentim Senis” (muchas hermosas pinturas en diferentes ciudades y especialmente en Siena).

Signorelli respetó los términos del contrato y trabajó a una velocidad tal, que incluso los administradores de la Catedral se debieron quedar sorprendidos. Un año después de la firma del contrato, el 23 de abril de 1500, los frescos del techo estaban terminados y el artista fue capaz de mostrar a sus clientes los bocetos de los frescos de las paredes laterales. El contrato para estas nuevas pinturas se firmó un par de días más tarde: recibió 575 ducados por esta segunda fase. En 1502 el ciclo de frescos estaba terminado, aunque Signorelli siguió recibiendo dinero hasta 1504.

En lo que se refiere al contenido, es uno de los temas más importantes de la iconografía cristiana. Es probable que en los frescos del techo (El grupo de apóstoles, ángeles, profetas, patriarcas, Doctores de la Iglesia, mártires y vírgenes) Signorelli simplemente completara el programa originalmente ideado por Fra Angelico. Pero los frescos de las paredes laterales, aunque el tema habría sido planeado de acuerdo con los administradores y los teólogos de la Catedral, son el producto de la fértil imaginación de Signorelli, inspirados en el Apocalipsis y La Divina Comedia de Dante Alighieri.

Los frescos de Signorelli en Orvieto están llenos de humor, invenciones grotescas, alusiones eróticas y bromas obscenas, y no hay necesidad de hacer referencia al espíritu profano del Renacimiento para explicar esto. Por el contrario, estas escenas encajan muy bien con la idea de la Catedral como “mundi theatrum” (teatro del mundo), como el reflejo de todo el universo, y están inmersas en el espíritu de las obras religiosas de su época. Básicamente, ni Signorelli ni sus clientes querían dejar de narrar estas historias con cierto toque de humor, con ese estilo típicamente italiano basado en detalles humorísticos e imaginativos. Pero esto no invalida la verdad dogmática de las profecías relacionadas con el fin del mundo, que, sobre todo en aquellos años turbulentos, se veían como una amenaza aterradora. Se comprende que Miguel Ángel se mostrara muy interesado en estos frescos, pero no imitó la obra de Signorelli, como  Vasari nos quiere hacer creer, ya que la espiritualidad y el contenido moral del Juicio Final de la Capilla Sixtina no tiene absolutamente nada en común con la representación teatral de Orvieto. Miguel Ángel encontró en estos frescos un repertorio iconográfico útil, un catálogo de inventos sorprendentes e inusuales.

La bóveda de la Capilla de San Brizio contiene un conjunto de frescos que fueron comenzados por Fra Angelico y completados por Luca Signorelli. Por encima de la pared del altar está Cristo como Juez del Mundo flanqueado 

a su derecha por un grupo de profetas encabezados por Juan el Bautista 

y a su izquierda por los apóstoles con la Virgen.

Las paredes laterales están cubiertas con siete escenas:
  • el Sermón y las obras del Anticristo.
Es muy probable que las obras del Anticristo hagan referencia a Savonarola, el fraile dominico ahorcado y quemado en la hoguera en Florencia el 23 de mayo de 1498. En una ciudad 'papista' como Urbino, y en el caso de un artista como Signorelli, protegido por los Medici y que pensaba   que había sido víctima de la persecución del gobierno democrático florentino (hecho que aprendemos de Miguel Ángel), esta identificación de Savonarola con el Anticristo es muy plausible; también se inspiró en un famoso pasaje de la Apología de Marsilio Ficino, publicado en 1498, donde el monje Ferrarense se identifica con el falso profeta.

Signorelli nos da una interpretación convincente de la atmósfera siniestra y misteriosa evocada en las profecías de los Evangelios. Contra un vasto y desolado fondo, dominado a la derecha por un edificio de estilo clásico, y representado con una perspectiva distorsionada, el falso profeta se encuentra difundiendo sus mentiras y su mensaje de destrucción. Tiene un rostro que evoca el de Cristo, pero es Satanás (retratado detrás de él) quien le dice qué decir. Las personas a su alrededor acumulan regalos a sus pies, han sido corrompidos por sus iniquidades. 

A la izquierda en primer plano vemos la representación de una masacre brutal, una joven que vende su cuerpo a un viejo comerciante y un grupo de hombres que escuchan atentos al Maligno. En el fondo de esta escena se mezclan todo tipo de horrores con eventos milagrosos. Por un lado el Anticristo ordena la ejecución de un grupo de hombres y por otro resucita a un hombre anciano; mientras que un grupo de clérigos, apiñados como una ciudadela fortificada, resiste las tentaciones rezando. Por último, arriba a la izquierda, Signorelli nos muestra cómo el tiempo del Anticristo se acaba, con el falso profeta arrojado desde el cielo por el Arcángel San Miguel junto con todos sus seguidores derrotados y destruidos por la ira de Dios.

Esta escena es la obra maestra de todo el conjunto, por lo menos en términos de originalidad, contenido y ejecución.  Signorelli se incluye a la izquierda junto con un monje (tradicionalmente identificado como Fra Angelico), se encuentran fuera de los acontecimientos como espectadores.
  • la Destrucción del Mundo.
De acuerdo a la predicción de las Escrituras, la llegada del Anticristo tendrá lugar inmediatamente antes del fin del mundo, en los últimos días en los que “se oscurecerá el sol, la luna no tendrá resplandor y las estrellas de los cielos caerán, y las potencias que están en los cielos se conmoverán" (Marcos 13: 24-25).

En la pared lateral derecha del arco de entrada describe los primeros signos del Apocalipsis, que fueron objeto de profecías desde los tiempos más remotos. En primer plano, en la parte inferior de la pintura, el rey David y la Sibila, como testigos de Dies Irae (ira de Dios). Las estrellas palidecen e incendios y terremotos barren la tierra, la guerra y el asesinato se extiende por todo el mundo.
En la pared lateral izquierda del arco de entrada a la capilla se relata el epílogo de esta catástrofe anunciada en el Apocalipsis. 

Los demonios representados como horribles murciélagos se elevan en un cielo oscurecido e inundan tierra con sus flechas incendiarias; los últimos supervivientes caen bajo sus disparos amontonándose como muñecos rotos.
  • La Resurrección de la Carne.
Este fresco se encuentra en el primer arco de la pared derecha y, junto a los que le siguen, muestra como Signorelli da rienda suelta a su inventiva. Un ingenio que, como dijo Berenson, lo convirtió en uno de los más grandes ilustradores modernos. 

A pesar de los recursos retóricos, las artimañas teatrales y los detalles inventados, y a pesar de que en este caso muestra limitaciones en su dibujo y en su uso del color, limitaciones reconocidas por todos los críticos modernos, no se puede negar que nunca antes en el arte italiano se habían visto figuras con esta fuerza. 

Vistos en conjunto los frescos de la capilla Orvieto dan una impresión de hacinamiento y confusión que está lejos de ser agradable. Pero tenemos que mirarlos en detalle, de forma individual, con el fin de captar la grandeza de Signorelli el "ilustrador" y el "inventor" y así justificar las palabras de Berenson. Véase, por ejemplo en esta escena la figura macabra pero hilarante del hombre desnudo, de espaldas al observador, que mantiene una conversación con los esqueletos; o los cráneos que emergen a través de las grietas del suelo, entran en sus cuerpos como si fueran un traje y se convierten en seres humanos una vez más.
  • Los Condenados.
Probablemente este fresco fue el que más atrajo la curiosidad de Miguel Ángel, las escenas con  demonios y otras figuras imaginarias, escenas que muestran el temperamento excéntrico, la ironía y el humor macabro de Signorelli.

De nuevo hemos de fijarnos en los detalles en este amontonamiento de cuerpos desnudos en posturas forzadas y rostros libidinosos. Entre la multitud vemos de nuevo a Luca Signorelli que se ha retratado como un diablo con un solo cuerno en medio de la frente, que agarra a una hermosa rubia que parece que pierde el sentido. 

No podemos dejar de imaginar que este autorretrato, bastante inusual, debe hacer referencia a algún episodio de la vida privada del pintor, algo de lo que no sabemos nada, pero que debe haber sido de conocimiento público en Cortona y Orvieto. 

Probablemente se trate de una mujer que fue infiel al pintor, y de hecho, si miramos con atención podemos ver que se trata de la misma mujer retratada sobre el demonio volador, 

así como la mujer tirada de espaldas y agarrada por detrás por otro demonio, e incluso como la prostituta que recibe dinero del viejo comerciante en la escena del Sermón del Anticristo.
  • Los Elegidos.
No hay duda de que la representación de los elegidos es mucho menos convincente que el fresco de los Condenados. 

A pesar del estudio preciso del cuerpo humano, su descripción del Paraíso no es más que un catálogo convencional de buenos sentimientos. 

- El Paraíso y El Infierno.

Estos frescos se encuentran en la pared del altar de la capilla: Los Elegidos llamados al paraíso (izquierda) y los condenados sumidos en el infierno (derecha). En las troneras o laterales de la ventana representa dos ángeles y los santos Brizio y Constancio, mientras que en las troneras de las puertas que se abren en los laterales del altar representa en un tondo al arcángel Miguel y con un demonio (izquierda) y al arcángel Rafael con Tobías (derecha). 

La representación de los salvos se nos muestra edulcorada y poco imaginativa.

Sin embargo, la escena de los condenados la realiza de manera casi surrealista, la barca de Caronte llega por el río, mientras una multitud de figuras desnudas compiten por el espacio mientras caminan a lo largo de la ribera del Aqueronte, con un espléndido grupo en primer plano: 


un hombre que grita horrorizado mientras es golpeado por Minos (reminiscencia de una figura Pollaiolo). Miguel Ángel quedó fascinado por esta escena de crueldad e hizo un dibujo de ella.

Una reciente restauración de la pintura de las paredes del altar ha dejado al descubierto esta imagen de un hombre tendido en el suelo mordiendo su mano que se cree representa a Caín. De hecho, morderse la mano es el símbolo tradicional de la envidia, uno de los siete pecados capitales. Esto viene confirmado por el medallón de la decoración grutesca que hay debajo y que muestra la escena de un crimen y el arma utilizada es una quijada, la misma que uso Caín para matar a su hermano Abel.

La parte inferior de las paredes está decorada con grutescos y bustos de filósofos y poetas junto a representaciones monocromas representando sus obras, así como otras ilustraciones de la Divina Comedia. Parece que se inspiró en la decoración que, en 1494, realizó Pinturicchio en el Apartamento Borgia en Roma. 

Los bustos de filósofos y poetas son símbolos de la razón y los valores morales, que son los únicos instrumentos que el hombre puede utilizar para mantener en jaque a los poderosos instintos animales de su naturaleza y así alcanzar las esferas superiores del espíritu.
Esta parte, aparentemente de menor importancia, que fue pintada en gran medida por los ayudantes de Signorelli y contiene aportaciones fascinantes que alcanzan alturas extraordinarias de expresividad. El artista da rienda suelta a su imaginación en los grutescos, y el resultado es sólo comparable a las escenas que Filippino Lippi estaba pintando, más o menos al mismo tiempo, en la Capilla Strozzi de la iglesia de Santa Maria Novella, en Florencia.

El único entre los filósofos y poetas que se puede identificar con certeza es Dante Alighieri, 
acompañado por algunos de los ejemplos más bellos y famosos de los monocromos son de episodios de la Divina Comedia, en su mayor parte del Purgatorio.


La imagen que se encuentra en el revestimiento de madera a la derecha de la entrada muestra en un tondo a un hombre joven con un turbante, identificado como Empédocles, el filósofo griego (c. 490-430 a C), que se asoma por la ventana para ver el Apocalipsis. En unas pequeñas tabletas situadas entre los grutescos se pueden ver las iniciales "LS" del pintor.

El Poeta Estacio.

Si observamos cuidadosamente la decoración de los grutescos: los cuerpos desnudos en una increíble variedad de poses, o la violencia (que Scarpellini ha comparado con la pintura de acción) con la que los grupos de tritones y náyades recorren el follaje como si de una corriente eléctrica se tratara, realmente podemos empezar a entender el talento de Signorelli como dibujante.
La decoración en general se completa en las jambas de las ventanas y en la pequeña capilla en la pared del fondo con las figuras de los arcángeles Rafael (con Tobias), Gabriel y Miguel (que pesa las almas y somete al diablo), el obispo San Brizio y San Constante, 

la Lamentación sobre Cristo muerto y los Santos Pietro Parenzo y Faustino, que están enterrados en esta Iglesia. En la clave se representa a Judith con la cabeza de Holofernes.

Autorretrato con Niccolo d’Angeli Franceschi (1500-1503, fresco, Museo dell'Opera del Duomo, Orvieto). Esta pintura está realizada sobre un ladrillo que en la parte posterior contiene una inscripción alabando a Signorelli como pintor de la Capilla de San Brizio. Niccolò d'Angeli Franceschi fue el camerario, que se encargaba de la custodia del tesoro, de la Catedral de Orvieto entre 1500 y 1501. El medio inusual y la inscripción sugieren que este retrato fue realizado como recuerdo personal para el camerario con motivo de la finalización del proyecto de la capilla. 
(Fuente: http://arteinternacional.blogspot.com.ar/2015/09/pintura-del-quatrocento-luca-signorelli.html?m=1)

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